lunes, 22 de septiembre de 2008

HISTORIAS MENORES DEL PALACIO DEL INFANTADO (II)


DON APÓSTOL DE CASTILLA
Personaje real o legendario, el muchacho era miembro de la familia mendocina de Guadalajara. De él se cuenta que en cierta ocasión asistió a los toros que ya en su tiempo se corrían en la villa de Sacedón coincidiendo con sus fiestas mayores. Allí dice la tradición que, abusando de su condición y linaje noble, se propasó con una linda mozuela del lugar. A la vista de tan cobarde comportamiento, todo Sacedón se levantó contra semejante villanía, por lo que el caballero estimó prudente huir a todo correr sobre su cabalgadura hacia Guadalajara, en compañía del escudero que de manera servil le acompañaba. Pero cuentan que al llegar al estrecho enriscado de las Entrepeñas, los mozos de la villa se hicieron presentes a la espera, saliendo a su encuentro por un atajo que sólo los del pueblo solían conocer. Allí, empuja­dos por un ardiente deseo de venganza, le amenazaron con sus ballestas cerrándole el paso. Al mancebo, hijo de tan ilustre familia, le era imposible volver atrás sin ver afrentada su noble condición; girar el caballo en aquellos angostos para escapar le era todavía más difícil; por lo que decidió arremeter contra aquella juventud embravecida, que no dudó en responder a la afrenta usando sus ballestas. El caballo y el caballero cayeron despeña­dos al precipicio, donde las aguas del río Tajo arrastraron su cadáver. Años después, alguien dejó grabada sobre la superficie de las peñas una copla -lamento de su propia madre- que las obras de ensancha­miento de la carretera, en su día, se encargaron de arrancar, y que decía así:

Don Apóstol de Castilla,
¡Fijo de mi corazón!
¡Qué caros que te han costado
los toros de Sacedón!

(Lo refiere José María Quadrado en su libro "Guadalajara y Cuenca", recogido del decir popular hace 160 años en la propia villa de Sacedón).

No hay comentarios: